76   JÓVENES Y FAMILIA

Cada final de curso los profesores podemos comprobar, con estupor, el efecto negativo  que produce sobre los jóvenes: las desavenencias familias, las rupturas, los desajustes entre los padres, etc. Es por ese motivo por el que me siento en el deber de escribir en defensa de una familia que proteja, acoja y ofrezca al joven un lugar para el cariño, la comprensión y la paz:
Siento una gran pena y amargura, además de incomprensión cuando escucho, como hoy sin el menor escrúpulo algunos hablan de la familia como de algo trasnochado, pasado de moda... ¿A esos les preguntaría: Quién es su padre, y quien su  madre? ¡Porque en algunos casos a lo mejor en ellos esta la respuesta, para poder entender ese ataque a esa institución, sin la cual la sociedad se  vaciaría de contenido y viviría el amargo éxodo hacia un apocalipsis caótico.
Rupturas familiares
En este mismo diario, el día 15 de mayo el Señor  José Luís Buendía, en su artículo "La vida sigue, pero no igual" da al tema de la familia un exquisito tratamiento, y con destreza e incuestionable habilidad expone la dolorosa coyuntura de un desamor que rompe, destruye y desconcierta. A continuación transcribo parte de su escrito, a la vez que le agradezco su buen hacer fomentando un clima que favorezca la estabilidad familiar, tan necesaria hoy y siempre. Y el señor Buendía dice:
"Les estoy hablando de la soledad  por la muerte de la pareja, o lo que a veces es peor,  esa otra ausencia, cuando el amor se esfuma y que conduce a situaciones agrias, a veces a escenas de  violencia doméstica, y que conocemos con el nombre de divorcio o simplemente separación, porque en verdad se separan los cuerpos, pero también  las almas, que quedan tocadas para siempre por el mal terribles de la soledad, de la desconfianza en el otro, con la terrible sospecha de que ya no vamos nunca a tener cerca de nosotros esa mano amiga que apriete la nuestra en los momentos de  desánimo...”
Y a continuación dice:
“Porque, hay que decirlo a voces, somos nosotros, los que tenemos la paz de espíritu de disfrutar de una familia integra, no atacada todavía por la desaparición de un miembro o el cáncer del desamor, los que tenemos que tender nuestro pañuelo para enjugar sus lágrimas, elegir nuestra mejor sonrisa para alegrar los entresijos de tanta gente que hace ya años cerró sus puertas a la alegría. Somos los que lo atesoramos los que debemos colmar de amor a los que un día les fue arrebatado por una u otra circunstancia”. 
El S. Buendía ha entendido la  aguda crudeza de un problema grave y nos estimula para la búsqueda de soluciones, poniendo en ello el alma, ¡toda el alma!
Gracias Señor Buendía el ejemplo que nos transmite es un bien de incalculable valor.


Publicada en Diario JAÉN   16 -  7 - 1998